Clasificación 2024
118/ 180
Puntuación: 49,97
Indicador político
91
48.04
Indicador económico
109
40.94
Indicador legislativo
123
50.19
Indicador social
98
59.76
Indicador de seguridad
126
50.92
Clasificación 2023
121/ 180
Puntuación: 50,11
Indicador político
74
58.13
Indicador económico
150
34.97
Indicador legislativo
128
49.06
Indicador social
127
53.79
Indicador de seguridad
114
54.60

Desde la revolución de 2011, que forzó la salida del país del presidente Ben Alí, Túnez protagoniza una transición democrática con sobresaltos. El golpe del presidente Saied, en julio de 2021, hace temer un retroceso de la libertad de prensa.

Panorama mediático

El panorama mediático tunecino se ha diversificado considerablemente desde la revolución de 2011. Sin embargo, la crisis económica ha debilitado la independencia de numerosas redacciones, dominadas por intereses políticos o económicos, además de perjudicar a un pluralismo incipiente. La televisión es el medio más seguido por delante de la radio, especialmente las cadenas públicas Al Wataniya 1 y 2. La principal emisora de radio es Mosaïque FM. La prensa digital tiene una gran audiencia, mientras que la prensa escrita está perdiendo fuelle.

Contexto político

La crisis política que sacude al país y el compromiso ambiguo de Kais Saied con la libertad de prensa están teniendo importantes consecuencias. Desde su llegada al poder en octubre de 2019, el palacio presidencial de Cartago ya no recibe a los periodistas, a pesar de las protestas del Sindicato Nacional de Periodistas Tunecinos (SNJT). La mayoría de los empresarios mediáticos ignoran la prohibición de la Alta Autoridad Independiente de la Comunicación Audiovisual (HAICA) de simultanear las responsabilidades políticas y la propiedad de un medio.

Marco legal

La reforma constitucional de julio de 2022, que otorga al presidente una amplia potestad legislativa en detrimento de los contrapoderes existentes hasta entonces, ha puesto en peligro la separación de poderes y supone una seria amenaza para los logros de la revolución tunecina en materia de libertad de prensa. El deterioro de la independencia del poder judicial hace temer que su interpretación de las restricciones pueda servir a intereses políticos so pretexto de supuestos imperativos de seguridad. Por otro lado, la justicia tunecina sigue adoptando decisiones basadas en leyes de la época de Ben Ali, en lugar de apoyarse en los decretos ley de 2011, más favorables a la libertad de prensa. En este contexto de deterioro del clima político, el decreto ley 54 de septiembre de 2022, destinado supuestamente a combatir las "informaciónes falsas", representa también una nueva amenaza para la libertad de prensa en el país.

Contexto económico

Los medios dependen de los anunciantes privados, que a veces poseen parte de su capital, y pueden ser próximos al entorno político. Este contexto amenaza la independencia editorial de las redacciones. Los ingresos publicitarios también están vinculados legalmente a las audiencias, cuyo cálculo está poco regulado y es controvertido. El mercado publicitario de los medios audiovisuales se ha desarrollado considerablemente desde 2014, gracias al fuerte crecimiento de la inversión en publicidad política. El modelo económico de los medios escritos, basado en las suscripciones, la publicidad y las ventas está en claro declive por el descenso de éstas y la contracción del mercado publicitario.

Contexto sociocultural

Los partidos políticos utilizan regularmente las redes sociales para lanzar campañas de desinformación, desacreditar a la prensa y sembrar desconfianza y confusión entre los electores. La violencia verbal de los líderes políticos contra los medios se ha multiplicado durante los últimos años.

Seguridad

Las intimidaciones a los periodistas se normalizan y los reporteros se enfrentan, a menudo, a la violencia de los manifestantes tunecinos. El 14 de enero de 2022 supuso un punto de inflexión, cuando el corresponsal de varios medios internacionales recibió una paliza y otra docena de periodistas fueron agredidos brutalmente mientras cubrían una manifestación. Los profesionales de los medios también son objeto de detenciones, como las sufridas por el director de la emisora de radio Mosaïque FM, Noureddine Boutar, y el periodista Khalifa Guesmi, condenado a 5 años de cárcel por negarse a revelar sus fuentes a la policía, en el marco de una operación antiterrorista en la región de Kairuán.